El Huerto de San Plácido

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Huerto situado en el camino que unía Elche con la villa marinera de Santa Pola, conserva las palmeras y los bancales tradicionales, trabajados actualmente por un palmerero destinado a tal fin por el Ayuntamiento. En el antiguo almacén se realiza el trenzado de la palma para el Domingo de Ramos.

Actualmente rodeado de edificios, en origen el Huerto de San Plácido se emplazaba en el centro de los huertos de palmeras de mediodía de la población, con el huerto de “les Pataes” al norte (que, a principios del siglo XX, se convertiría en al barrio del mismo nombre), el huerto de Ripoll, al este, y, un poco más allá el huerto de la “Porta de la Morera”. Por el oeste: el huerto del Cura, el de Quito Escorina, el “Que no té portes” o el del Sol…

Antes de su transformación en museo, el edificio, compuesto por dos cuerpos unidos mediante un corredor o puente cubierto de madera, albergaba una vivienda en cada planta en el ala de poniente y un almacén en la de levante.

La tipología no es habitual de los huertos de palmeras. De este modo, tanto el corredor como los barrotes torneados de las barandas, únicos en Elche, remiten a una arquitectura más típica de zonas montañosas y constituyen motivos que se pueden relacionar tanto con la arquitectura popular (de los maestros de obra) como con el eclecticismo arquitectónico del siglo XIX (recuperación y reelaboración de modelos arquitectónicos del pasado, de otras latitudes o de civilizaciones “exóticas”).  No se tienen datos sobre su cronología, pero podría ser de mediados del XIX. Su edificación podría estar vinculada con la burguesía ilicitana, cuando comienza la nueva costumbre del veraneo, en Santa Pola o en los huertos en torno a la ciudad. Sobre la edificación preexistente solía edificarse la residencia estival, mientras que la planta baja seguía siendo la vivienda de los caseros. La jardinería o piezas como el mirador, acentuaban el carácter de recreo de la vivienda.

LOS TRABAJOS DEL HUERTO

El hortelano realiza diversos trabajos en el huerto. Se ocupa de las labores necesarias para sacar adelante el plantío de las parcelas, es decir, el conjunto de plantas sembradas a la sombra de las palmeras. Por su parte, la explotación agrícola de la palmera precisa, además de una serie de operaciones habituales de abonado y riego, de una serie de tareas especiales a lo largo del año, que exigen su realización por los palmereros en la parte superior de la planta.

ESCARMONDA: es el equivalente a la poda de los árboles. Se realiza, preferiblemente, al final del invierno. El palmerero sube a la palmera con la soga y el corvellot y corta las palmas más viejas. Con esta operación se facilitan las labores futuras,  que permitirán recolectar los dátiles en otoño-invierno.  No se debe cortar un número excesivo de palmas, ya que tienen un papel fundamental en el proceso de fotosíntesis, esto es, en la nutrición de la palmera. Como ejemplo, podríamos decir que cada palma es una placa solar que produce energía. Cuantas más hojas tenga una palmera, producirá más energía y su crecimiento y capacidad para fructificar serán mayores.

ENTACONADO: La palmera es una especie dioica, esto es, hay palmeras macho y palmeras hembra. Únicamente las palmeras hembra producen los dátiles. Es importante que las flores hembra sean polinizadas; es algo que puede ocurrir por medios naturales (el viento, las abejas…). Pero, para asegurar la polinización, el palmerero, en primavera, corta flores macho cuando tienen mayor cantidad de polen y las espolvorea y deposita sobre las flores hembra, en el raquis de las palmas.

ATADO: una vez acabada la polinización, los frutos comienzan a desarrollarse. Es entonces cuando se sube a la palmera para seleccionar los mejores racimos de dátiles, eliminando las sobrantes para mejorar la calidad. El racimo elegido se ata a una palma próxima, que se acorta a la mitad de su longitud, y cuya función es sostener dicho racimo, evitando que se rompa por su propio peso, y dejarlo en una posición idónea para la recolección.

RECOLECCIÓN: entre los meses de octubre y diciembre los dátiles ya están listos para ser recolectados. El palmerero sube a la palmera y coge los dátiles maduros con la ayuda de la saranda (una bandeja circular de esparto). A medida que coge los dátiles, los deposita en dicha saranda, para luego bajarlos hasta el suelo con el sebaïl (capazo de esparto) atado a una cuerda. La maduración de todo el fruto no es simultánea, por lo que es necesario repetir la operación, denominada tradicionalmente munyir, para recolectar una palmera.

ENCAPERUZADO: su objetivo es la obtención de la palma blanca, tradicionalmente utilizada el Domingo de Ramos. Consiste en atar las palmas de modo que queden plegadas, cerradas, y evitar así que la luz llegue hasta las palmas nuevas que crecerán en el centro de la caperuza. De esta manera las nuevas palmas no pueden producir clorofila, quedando del característico color blanco. Las palmas encaperuzadas un año son cortadas al siguiente. Realizada correctamente esta labor, no perjudica a la palmera, aunque serán necesarias al menos dos temporadas de crecimiento para que vuelva a su aspecto anterior, y la operación no puede ser repetida hasta pasados cinco años.

EL DOMINGO DE RAMOS

El Domingo de Ramos, que conmemora la entrada de Jesús triunfante en Jerusalén, es la única procesión señalada por la liturgia. Se trata, por tanto, del desfile más antiguo de la Semana Santa ilicitana y, en 1997, fue declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.

Ligados a la celebración se encuentran el encaperuzado de las palmeras para la obtención de palmas blancas y el comercio de las mismas, siendo este último una destacada actividad de los ilicitanos a lo largo de su historia. La primera referencia al mismo está fechada en 1429: se trata de un acuerdo del gobierno municipal en el que se menciona a unos vecinos de la villa que habían sido detenidos en Valencia donde habían acudido a vender palmas blancas para el Domingo de Ramos.

Actualmente se mantiene esta importante actividad comercial de las palmas con las que Elche surte a España y a diferentes países europeos. En la ciudad, durante el viernes de Dolores  y el sábado hay mercadillos en diferentes puntos de la ciudad, especialmente en la Plaça de Baix, junto al edificio del Ayuntamiento ilicitano.

La procesión, como señala la liturgia, está precedida de la solemne bendición de las palmas. Antiguamente era encabezada por una cruz alzada recubierta de un velo blanco con la que se golpeaba ligeramente la puerta cerrada de la iglesia para que ésta se abriera y permitir la entrada de los fieles. A partir de 1945, se incorporó a la procesión una imagen de Jesús Triunfante, popularmente conocido como «pas de la burreta». La procesión, tras la bendición, partía de Santa María por la puerta del crucero llamada del Órgano y regresaba, tras recorrer el centro histórico de la ciudad, por su puerta Mayor. En la actualidad, la bendición de las palmas se realiza fuera del templo, en un altar levantado en el paseo de la Estación, junto al Parque Municipal, y desde allí parte el desfile religioso que, tras recorrer la ciudad, entra en la Basílica.

Es tradicional que familias enteras participen en esta procesión realizando su recorrido total o parcialmente. Procesión que se convierte en la excusa para estrenar las nuevas ropas primaverales, tal como señala el refrán popular: «Diumenge de Rams, qui no estrena no te mans» (Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos).

Las palmas, una vez acabada la procesión, son colgadas en balcones y ventanas ya que, al estar bendecidas al inicio de la procesión, sirven de protección a los habitantes de la casa. También, suelen servir de ornamentación al Monumento del Jueves Santo e, incineradas al año siguiente, sirven para marcar las frentes de los cristianos en la ceremonia del Miércoles de Ceniza, al inicio de la Cuaresma.