Marzo: La mujer en los primeros documentos del AHME

Marzo: La mujer en los primeros documentos del AHME

El tipo de documentación que se guarda en un archivo municipal como es el nuestro, que ha sido generada por la gestión del consell para regular la vida pública, es parca en información sobre la vida privada de las personas. Y si hablamos de colectivos que no tuvieron presencia en la vida pública, como son las mujeres, todavía es más escasa. Pero esto no significa que no existan datos sobre este grupo, al contrario, si realizamos una relectura más detallada de los documentos municipales – actas municipales, cuentas, ventas, etc.- nos van apareciendo pequeñas pinceladas de las mujeres ilicitanas de la Edad Media.Como este mes de marzo se celebra el Día de la Mujer Trabajadora, el AHME ha decidido dedicar el documento del  mes a la presencia de la mujer en los primeros documentos de archivo

En el Codex o Libro de Privilegios  aparecen, en un documento de 1305, los nombres más antiguos de mujeres: dona Beatriz, muller que fu d´En Johan Breto; dona Mayor, mujer fue fu d´En Johan Peres d´Exea y dona Guillerma, muller que fu d´En Martin Lops;  junto a otros bonos omes de Elche, en representación de sus maridos fallecidos. Como podemos apreciar en estos casos, la mujer se vuelve visible en el momento en que enviudan y quedan al frente de la unidad familiar. Así, por ejemplo, en los libros de rentas de la reina Joana[1] nos encontramos con otras viudas que deben pagar los impuestos: la mujer de Johan de Malla, notario, por el arrendamiento del tercio del diezmo del vino; las viudas de Miguel Cornellá, la de  Malla y la de Antoni Blasco, por una “caballería”; la viuda de Manuel García, por una “peonía”; y la mujer de Bertomeu Cayada por unos censos sobre unas casas. También aparece na Berthameua, propietaria de una tabla de carnicería.

Vemos en estos ejemplos cómo las mujeres aparecen registradas de diferente forma en la documentación: con su nombre de pila y el de su marido fallecido, o simplemente como “mujer de…”. Pero hay también otras formas. En un listado que aparece en las actas municipales de poseedores de trigo en noviembre de 1400 nos encontramos con: la mujer de Pere de Lillo, la mujer de García, la madre de Joan Tarí, la madre de Pere Ferrers… Pero también dona María,mujer que fue de Johan […]; y dona Diega[2]. Y es que no podemos pensar que la mujer fuera un colectivo uniforme.

En los niveles superiores de la escala social, nos encontraríamos a las mujeres pertenecientes a  las familias de la oligarquía local, propietarias de tierras. Tenemos como ejemplo a Maria Ferrandes de Bustaman, que vende, junto a su marido que actúa como procurador suyo,  un patio de casas al consell en 1298[3];  o Pere Granyana y su mujer Guillamona, que le venden también cinco palmos de tierra en el Huerto del Real en 1395[4]. Por el contrario, en el nivel más bajo estaría las prostitutas, de las que se tienen más información ya que el consell era el encargado de la gestión del burdel, como queda reflejado en un acta del año 1371, en la cual disponía que se destinara una calle o lugar apartado donde las prostitutas “estien e abiten, como no sia rahonable que sien consentides lla on abites bones dones”[5].

Entre ambos extremos, estaría una gran mayoría de mujeres que trabajarían en las labores domésticas, junto a sus maridos en talleres -como el zapatero Lope Despuig y su mujer[6], e incluso en otros trabajos fuera del hogar. Así tenemos la registrada la existencia de hostaleras ya que en  1381 se hace referencia al ostal de la muller de Llorens Bonmatí[7]. Más conocido es el caso de Catalina, a la que el consell pagó 30 sueldos en julio de 1400 por barrer la plaza[8]. Aunque tenemos constancia de que también en 1442 era una mujer la que  barría y regaba la lonja en las vísperas de festivos y todos los sábados[9], esta labor fue realizada en otras ocasiones por hombres.

También fue usual que las mujeres se dedicaran a trabajos relacionados con la sanidad y beneficencia, como Joan Ferrando y mujer[10] que se encontraban en 1426 al frente del hospital;  o Na Yolant, que recibió  un salario del consell por curar brazos y piernas rotos, ya que no recibía estipendio alguno por parte de los vecinos[11]. También cobraron las mujeres encargadas de criar y amamantar a los niños expósitos, como ocurrió en el año 1487 que se pagó a Mateu Maciá por las tres semanas que su mujer dio de mamar a una niña encontrada en la puerta de una casa[12].

Todos estos datos han sido extraídos de la documentación municipal, aunque hay otros fondos del archivo, principalmente los protocolos notariales, que recogen actas de la vida privada de las mujeres – testamentos, cartas dotales, etc,..-  que permitirían completar la imagen de la mujer ilicitana en la edad Media.

[1]AHME, sign.480/21.

[2] AHME, sigN. a2, acta 12-11-1400 .

[3]AHME, Codex, sign b337.

[4]AHME, sign. PN 9.

[5] AHME, sign. a1, acta 10-4-1371, 66 v.

[6]AHME, sign b 339, p. 46.

[7]AHME, sign. a1, acta del 23-11-1381.

[8] AHME, a2, p 20.

[9] AHME, sign. a 12, acta del 2-7-1442

[10]AHME, sign. a6, p. 87.

[11] AHME, sign. a 15, acta del 8-5-1457.

[12] AHHE, sign.  a18, acta del 30 de marzo de 1487